lunes, 22 de enero de 2007

De lunares manchas y cuerpos

Lo llevas colocado desde el inició. Podría decir que desde poco antes, como un abismo pequeño, tuyo, entre tú y tu nalga, entre tu espalda y tú, allí donde sólo sabes derramármelo.

Las cosas con palabras se sostienen, es de prudencia sostenerlas, regocijarse del susurro propio. Te apropias con ese calorcito que sólo tu sabes desprender de nuestro susurro. Las palabras se sostienen, este no es el caso. Aquella mancha la sostienen tus piernas duras como tus ojos, que también son duros, y qué, cuando los muerdo las sostengo y obtengo de ellas, la palabra jugosa que los nombra y los une.

Pero contaba y sostenía mi discurso en pos de tu mancha, mancha de cuyo nombre quiero acordarme, siempre siempre movida, en el vaivén propio de tu andar, como un oleaje en la nada de las intermitencias. Así se presenta, en un lejos y acá, o simplemente por la luz que da y se presta con intervalos en donde serían innecesarios si se les contarán, donde dejarían de mirarse en el momento mismo de contarlos. Es por eso que mejor miro como iluminan tu mancha, mancha que encontré palpando. Recuerdo que la localicé por casualidad de mis pasos, aquel día mientras sostenía mi camino por la arena, resbalo y la veo allí, amorfa, diminuta como sonrisa oscura, como abismo pequeño tuyo entre tú y mi pierna, entre mi pierna y tú, donde yo la porto desde siempre, desde que nací, posada allí en mi pierna desde el inicio …

lunes, 15 de enero de 2007

La noche se resume en un beso. Espacio disponible, que absorbe y deglute el calor que de ti emana. Beso tus sienes hirvientes, vivientes por donde el sol parece exceder.

Sostienes tu escalofrío con el peso requerido de uno y otro lado. No deseas apagarlo y en el goce de un calor friolento despiertas tus piernas para acomodar tu vestido que se trasluce como estrellas nocturnas que deslumbran el día…
Ernesto

viernes, 5 de enero de 2007

Sin sonido o (sin título)

"Se forma una página, en verso sin tiempos ni acentos…"
Y miro tus ojos sorprendidos de mí,
de mí en ti, acercados a los míos con una imperiosa sonrisa
dudosa de salir, de entrarse, de regresar a mi boca que
pronuncia en silencio tu calor y la noche nos cubre.

Comprendo tus ojos en la unión perfecta con tus labios,
en la unión de nosotros donde más sonidos y más
con el silencio aparecen.
Y yo manifiesto con mis manos el sabor que mi piel
obtiene de la tuya, así como sólo en el sueño obtienes
los sabores al tocarlos. No es sueño, aún no dormimos,
antes nos amamos, arramados como dos hojas
movidas con el viento, bailamos nuestros cuerpos,
tirados, besando nuestras bocas y con un susurro sordo,
le miro sus ojos con el calor de la noche que aún nos cubre...
Ernesto

Sordita

Oiga cariño...
los barcos soplan, soplan con el viento que hace... Le enciendo un beso en la memoria, mientras le abrazo estrepitosamente. Cariño, cariño lindo, la luna se pinta de verdes, amarillos, rojos, y le sueno un beso tronado en su oido, de esos que me dice usted despues de dejarla sorda,
-no importa-,
y yo le pregunto,
-te dolió-,
-sí pero no importa- contesta usted o algo parecido desde su boca que adoro... y que quiero recorrer célula a célula, aunque me tarde como citólogo, pero no sería tanto, ya que el citólogo usaría un microscopio y yo uso mis propios labios, mis propios ojos, mis propias células que se pintan de usted. Entonces decía, le mando un beso tronado, tornado que eleve al cielo sus cabellos, cabellos de Sandy donde deseo enredadar mis dedos mientras le doy un beso en su oído que le ha quedado sordito para decirle en voz, no queda pero como usted ya estará sordita, pensará que es un susurro, y le diré... cariño mío, oiga cariño mío cuanto, cuanto le adoro...

jueves, 4 de enero de 2007

Y así, comenzó lo aquí escrito. La lectura se hizo, se fue haciendo, se va realizando. Segundo a segundo, noche a noche, uno a uno y así, ya es de dos.

Las palabras se van contigo...

Las palabras se van contigo… le coloco un hilo tejido desde mis manos agarrando las suyas. Amarrando las estrellas, esa que más te gusta, la que brilla cuando hay luz, luz de día, luz de tarde, luz de noche. Las palabras se quedan conmigo… les pongo un estambre de sonidos que se van colocando en partituras sonoras que con sus tonos enmarcan libremente mi vida. El marco, no es necesario. La marca quizá. Porque, como no hablar de un trazo cuando los crayones de mi vida (mis dedos) le quieren.

Los vientos soplan en la vela, no la apagan, no la encienden, la hacen andar. La nave, cargada de nísperos, de aceites, de oliva, fructiferean la balsa. Soplan los vientos en la vela. Nubes caracoleadas, se rompen en la brisa que sueltan tu voz, se rompen en el borde de madera de esta nave. Navegamos y oleadas de cantos vociferamos.

Va alza la vista, mirando su pelo enredado con las estrellas, donde ahora sé el motivo, la función de las mismas. Y usted enjuga una de ellas para ponérmela, para deleitarme con un nombramiento que suena desde su centro y así el viento tácitamente, su aliento, manifiesta mi ser.

Me alienta saber que usted boga, no por mí, no por ti, sino conmigo. Que suenan de ves en vez, los remos contra el timón, que reman de aquí y de allí, formando estelas marinas con tu dedo.

Le coloco una frase, un mayor, un tren, una ida y una vuelta. Le loco, le yo, le tú. Y las palabras… ellas regresan contigo



Ernesto
Sandy

Las hojas que escriben mi nombre desde sus labios productores resuenan en mí, en mí y en mi mente que al fin y al cabo somos uno mismo. Suenan en la memoria que construyo al lado suyo de mí. Y es que hoy hablo de mí desde usted, y hoy hablo de usted desde mí.

Miro las imágenes nuestras en la oscuridad de la luz, en el sonido de nuestros silencios, en el empeño de nuestro trato. La oscuridad de nuestros cuerpos desnudos iluminados por esa propia luz, luz humana, emana de dos cuerpos que se sienten y se saben, luz enardeciente, naciente, gustosa de uno al lado suyo.

Y después de hoy viene el mañana, importándome siempre el hoy.

Y entonces dormí sintiendo su cuerpo en mis manos que tocan sus senos, su vientre que muerdo en la noche de dos, en la noche de sus piernas abrazándome en la profundidad de su boca, boca que pronuncia mi nombre que descansa en lo mojado de nuestras lenguas.

Acaricio tu pelo que suena con el viento de mi voz, y dibujo su cuerpo en mis manos, repasando sus lunares, uno a uno, diez a diez, constelaciones que guían un camino fructífero de mi bogar, hasta llegar a sus piernas duras como dos ojos en los que caigo y tu me ayudas a continuar cayendo. Y ahora somos la unión atrapada de los azares, yo dentro de ti, tú dentro de mí, formando páginas escritas por nuestros cuerpos versados, rescribiendo y deslizando mi dedo de izquierda a derecha y viceversa para crear palíndromes, mes con mes, día a día, noche a hoy, justito así, viviendo mi hoy a su lado, su lado a mí hoy…

Le adoro desde las comisuras de lo inconmensurable.

Ernesto